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Recuperación psicosocial y reintegración de los pacientes quemados 
Fase de recuperación en el hospital
Si como consecuencia el paciente dirige su ira contra sí mismo, puede sentirse abrumado, impotente, deprimido e incluso es posible que piense en el suicidio. Si la hospitalización se mantiene durante varias semanas, los pacientes sufren frustraciones repetidas y tienden a sentirse impotentes y deprimidos con mayor frecuencia. Es más probable que la impotencia surja cuando el paciente cree que ha perdido el control de sus episodios de aversión y trata de controlar de nuevo lo que le sucede; con el tiempo, esta impotencia puede dar lugar a una depresión crónica73. El trabajo psicoterapéutico se intensifica en esta fase y se centra sobre todo en la colaboración con el resto del equipo para ayudar a los pacientes a combatir los sentimientos de impotencia y desamparo. Para ello es importante estructurar las sesiones de tratamiento con el fin de fomentar las experiencias de control, logro de metas y sentimientos de recompensa del paciente a la vez que se progresa a través de intervenciones difíciles. Los sentimientos positivos, generados por la consecución de las metas que se han establecido, aumentan la probabilidad de que el paciente repita el esfuerzo. Por ejemplo, una sesión de ejercicios de rehabilitación establecida sobre un trabajo de cuotas en lugar de sobre el trabajo de tolerancia establece unas expectativas claras, recompensa el rendimiento de forma adecuada y crece de manera continua sobre los logros previos74. Las conductas deseables (p. ej., uso de ropas de presión, marcha en una cinta sin fin, declaraciones de autoafir-  mación cuando se mira en el espejo una cicatriz) deben reforzarse, por ejemplo con un elogio verbal o con un tiempo de reposo. Como el éxito alimenta al éxito, es útil comenzar y a acabar las sesiones con tareas realizables que generen sentimientos positivos de logro y dominio. Además puede ser útil el «Déjales siempre riendo». La relajación, el humor y terminar con una buena nota son en general métodos de recompensar con una experiencia gratificante la obtención de la respuesta deseada. Gran parte del trabajo psicoterapéutico se hace durante esta fase con el paciente y la familia reunidos. Las familias deben aprender cómo ayudar al paciente a adaptare a esta nueva situación y la propia familia debe adaptarse también al cambio de situación. La investigación ha mostrado la gran importancia de fortalecer la unidad familiar, facilitando la cohesión de la familia y ayudando a que sus miembros intenten organizar sus vidas para incorporar las obligaciones adicionales que implica el cuidado continuo de su paciente22-24,50. Han de planificar y poner en práctica los ajustes necesarios en el entorno familiar y domiciliario para que el paciente continúe su recuperación y rehabilitación cuando sea dado de alta. Mantener la integridad de la unidad familiar mientras se hacen los ajustes necesarios es una prioridad fundamental. Los padres de un niño quemado deben aprende a defender a su hijo evitando la sobreprotección por su parte o por parte de otros. Han de estimular al niño para que funcione de manera independiente donde le permitan su edad y su capacidad física. Los padres y los cónyuges de los pacientes adultos han de luchar a menudo contra sus deseos de proteger e infantilizar a sus seres queridos durante la recuperación. El personal hospitalario puede ofrecer modelos para la conducta de las familias que demuestren respeto y cortesía para cada uno de sus miembros, incluido el paciente. Un desafío para el psicoterapeuta en esta fase es la aceptación y validación de las demostraciones emocionales del paciente como conductas normales en el proceso de recuperación al mismo tiempo que establece límites sobre las formas en que esta agitación emocional debe expresarse. Al inicio de esta etapa, cuando el paciente comienza a preguntar sobre su futuro, el psicoterapeuta puede describir el patrón previsible de las vicisitudes emocionales indicando que, si ocurren de esta forma, son normales; pueden reforzarse y manejarse. El personal debe demostrar una actitud positiva y de aceptación del paciente al mismo tiempo que lo ayudan a ejercer el control sobre sus conductas destructivas. A veces es necesario imponer límites externos que lo protejan. Otra tarea del psicoterapeuta tanto con el paciente como con la familia consiste en ir ajustando su rechazo con presentaciones graduales de la realidad47. El personal puede prever y ayudar al paciente a que plantee preguntas sobre sus desfiguraciones y capacidades funcionales futuras, incluida la actividad sexual