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Tratamiento del dolor y otras molestias en los pacientes quemados
Técnicas de medición del dolor en el paciente adulto quemado

En los pacientes adultos quemados se han utilizado diversas técnicas de medición del dolor. Las más frecuentes son las escalas de adjetivos (v. tabla 46.1), las escalas numéricas (es decir, puntuación del dolor en una escala de 0-5, 0-10 o 0-100) y las escalas visuales analógicas (v. figura 46.2). Cada una de estas escalas mide el componente sensitivo del dolor del paciente. Las escalas de adjetivos y las numéricas no precisan una representación visual de la escala. La escala visual analógica (EVA) requiere la presentación de una representación visual de la escala que se presenta al paciente, que tiene que marcar un punto en el lugar de la escala que corresponde a su grado de dolor. Esto supone un problema para los pacientes con las manos quemadas, por lo que algunos investigadores han usado la técnica de deslizar una línea o una tira de dolor a lo largo de la escala dando instrucciones al paciente para que dirija el movimiento del deslizamiento, interrumpiéndolo en el punto que corresponde al dolor que siente. La EVA se ha usado en varios estudios y con distintas muestras de pacientes. Se ha demostrado que es un método válido para medir el componente sensitivo del dolor del paciente. La validez de la escala permite establecer comparaciones de las valoraciones del dolor entre diferentes estudios efectuados en muestras de pacientes distintos. Los componentes motivacional-afectivo y cognitivo-evaluativo del dolor se miden sobre todo con el Cuestionario de McGill (MPQ)24. El MPQ consiste en 20 conjuntos de adjetivos que describen los tres componentes del dolor: sensitivo, afectivo y evaluativo. A partir de los adjetivos seleccionados se obtienen los perfiles cualitativos, las puntuaciones cuantitativas de cada dimensión y la puntuación total del dolor. El MPQ se ha traducido a varios idiomas y es un instrumento de medición fiable y válido. Se tarda 10-20 minutos en realizarlo y puede que no sea útil para mediciones frecuentes y repetidas. El método se ha utilizado de forma diaria en muchos estudios para medir el dolor global y en reposo. En un estudio prospectivo y multicéntrico, Gordon y cols.25 pidieron a 40 adultos quemados que puntuaran su dolor en 4 escalas: una escala visual analógica, una escala cromática analógica26, una escala de adjetivos y una escala de caras27. Al acabar el estudio, se pidió a los pacientes que eligieran cuál era su escala preferida y estos optaron por las escala de caras y la cromática analógica. Aunque para validar estas observaciones se precisan nuevos estudios, la preferencia de los pacientes es otra variable a considerar. 
Técnicas de medición del dolor en los niños quemados
La medición del dolor en los niños, y sobre todo en los niños preverbales, es mucho más compleja que en los adultos. La American Academy of Pediatrics y la American Pain Society publicaron un declaración conjunta en 2001 que incluía la recomendación de que en el entorno hospitalario «la valoración continuada de la presencia y la intensidad del dolor y de la respuesta del niño al tratamiento son esenciales»28. Para valorar el dolor en los niños se han propuesto mediciones fisiológicas, evaluaciones de la conducta e informes del paciente sobre su dolor. Los indicadores fisiológicos que se han valorado son la frecuencia cardíaca29, la frecuencia respiratoria29, la presión arterial29, las alteraciones endocrinológicas29,30 y los cambios en la PO231. Sin embargo, ninguno de estos parámetros resulta prometedor como indicador para medir el dolor en un niño enfermo, ya que en todos influyen, además del dolor, diversos factores de estrés, los cambios metabólicos relacionados con las quemaduras y las medicaciones. Se han propuesto escalas conductuales para medir el dolor con las que se proporcionan instrucciones y directrices estandarizadas para la observación de las conductas que parecen específicas del dolor. Varios investigadores32-37 han considerado el llanto del niño como una conducta mensurable que puede observarse para valorar el dolor. Aunque estos estudios demuestran que la duración, el tono, la intensidad y otras características del llanto pueden usarse para evaluar el dolor en los lactantes, el análisis de esta manifestación consume mucho tiempo y requiere un equipo de audio complejo.