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Tratamiento del dolor y otras molestias en los pacientes quemados  
Técnicas de medición del dolor en los niños quemados
El desarrollo cognitivo de un niño en edad escolar permite un pensamiento más abstracto. Además de las escalas de puntuación del  
dolor de las caras con las que disfrutan55, también pueden usar escalas numéricas sencillas, de 0 a 5 durante los primeros años de  
escolarización (7-8 años)56 y escalas más complejas, de 0 a 10 o de 0 a 100, en años posteriores (9 a 12 años). En este grupo de edad  
también pueden usarse escalas visuales analógicas precedidas y terminadas con caras felices y tristes54 y escalas de adjetivos  
sencillas54,57. Además de los informes del niño sobre su dolor, en los niños en edad escolar pueden utilizarse escalas de observación  
como la CHEOPS43 o la lista de comprobación de la conducta por procedimientos58. De nuevo, lo más importante es seleccionar una  
escala y usarla siempre ya que no se ha demostrado que la validez de alguna sea superior a la del resto. Los adolescentes pueden  
pensar de manera abstracta y cuantificar y calificar los fenómenos, lo que permite utilizar las mismas escalas que en los adultos. Un  
problema con los adolescentes es que cuando están enfermos tienden a regresar, por lo que es posible que en esos momentos haya  
que recurrir a escalas más sencillas59. La valoración del dolor es más problemática en los niños intubados y sedados. Cuanto mayores  
sean las discapacidades de un niño y más medicaciones se le estén administrando, mayores serán las dificultades para el clínico. Un  
niño de 2 años ciego, con solo una extremidad funcionante y tratado con numerosos fármacos, plantea un enorme desafío al médico.  
«El dolor es lo que el niño dice que es», escribían McCaffery y Beebe en 198960. ¿Qué sucede cuando el enfermero anota un número  
más bajo del que el niño dice porque cree que el niño sobrevalora la puntuación? Durante una valoración matinal, mientras un paciente  
de 10 años permanece acostado en la cama, el enfermero le pide que puntúe su dolor en una escala de 1 a 10, siendo 10 el peor dolor  
posible. La respuesta del niño es 10. ¿Se está dando el mensaje correcto si se escribe un número distinto al 10? ¿Es el dolor realmente  
como el niño dice que es? En resumen, existen muchos instrumentos de medición para valorar el dolor en las distintas etapas de la vida  
que pueden ser útiles para los investigadores y los clínicos. El cuadro 46.1 recoge una lista de instrumentos útiles en la clínica para  
pacientes de distintas edades. La valoración de los síntomas y el tratamiento son muy importantes en los cuidados de las quemaduras.  
La experiencia del dolor puede influir en la percepción de otros síntomas, incluidos la ansiedad, el miedo y el prurito. Cada síntoma debe  
valorarse en el marco de las valoraciones de los demás síntomas.  
Medición de la ansiedad
La ansiedad se mide de diversas formas. En 2000, Robert y cols. hicieron una encuesta en 64 centros de quemados para determinar la  
forma en que valoraban y trataban la ansiedad, sobre todo en los niños61, y encontraron que en la mayoría de los centros no se  
utilizaban mediciones estandarizadas de la ansiedad. Sobre la base de esta encuesta y de otras informaciones, el Shriners Burns  
Hospital de Galveston ha comenzado a usar el termómetro del miedo, una adaptación del termómetro del miedo de Walk63 realizada  
por Silverman y Kurtines62. En la figura 46.3 se ilustra este instrumento. Taal y Faber introdujeron un instrumento para medir la  
ansiedad específica del dolor de las quemaduras (BSPAS, burn specific pain anxiety)64. Este instrumento es una escala de 5 puntos que  
se usa para medir la ansiedad asociada al dolor de anticipación de una intervención en los pacientes adultos65. Se han efectuado  
estudios iniciales sobre la fiabilidad, validez y utilidad65,66. Se necesita un instrumento similar para niños.